A 50 años del Halconazo: Grito de Victoria

Por Eduardo Jacobo Bernal


La historieta como medio de comunicación ha explorado el mundo onírico, ha imaginado aventuras extraterrestres, héroes con capa y súper poderes; pero también ha sido herramienta de crítica social, didáctica de la historia y contestataria al poder. En el mundo de las viñetas cabe cualquier temática y si es bien abordada, puede convertirse en algo más que un cómic, como lo demuestra la obra de la que hablaremos hoy: Grito de Victoria de Augusto Mora.


Mora, considerado por lectores y colegas como un “cronista gráfico” del presente, ha incursionado en temáticas de corte social como la migración, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el movimiento del ’68, la corrupción gubernamental, los casos de periodistas desaparecidos, entre muchos otros temas, los cuales podemos leer tanto en sus novelas gráficas como en su participación mensual en la revista El Chamuco y los hijos del averno.


El título que nos ocupa esta ocasión tiene que ver con un acontecimiento que este 10 de junio cumple 50 años: el Halconazo. Llamado así por un grupo paramilitar llamado “Los Halcones”, que en 1971 reprimió de manera violenta una manifestación estudiantil en la Ciudad México, en la que jóvenes universitarios habían convocado a una marcha en apoyo a la Universidad de Nuevo León, en donde estudiantes y docentes exigían la derogación de una ley orgánica que impedía su participación democrática al interior de la institución.


Apenas tres años después de la matanza del 2 de octubre, la juventud universitaria decidió salir nuevamente a las calles, pero, como entonces, fueron víctimas del autoritarismo gubernamental, dejando un saldo de 44 personas asesinadas. Y es precisamente este capítulo de la historia el que Augusto Mora narra magistralmente en Grito de Victoria.

La novela gráfica se divide en dos apartados, pues Mora juega con la relación pasado-presente y nos narra el Halconazo, pero al mismo tiempo nos hace conscientes de que en el pasado inmediato han sucedido situaciones similares como el movimiento #YoSoy132, en el que se cuestionó no sólo al candidato Enrique Peña Nieto, sino la intromisión mediática en las campañas electorales. A manera de “documental estático”, Mora demuestra un amplio trabajo de investigación y documentación de los movimientos estudiantiles, teniendo siempre como hilo conductor a la juventud como actor político fundamental en un México que no ha logrado consolidar sus prácticas democráticas.


Cada viñeta de Grito de Victoria es una recreación histórica meticulosamente detallada que permite a los lectores hacer empatía con acontecimientos que regularmente se presentan como efemérides desprovistas de humanidad, logrando hacer de la narrativa gráfica una potente herramienta de concientización social. El autoritarismo, los fraudes electorales, la corrupción, la violencia, la falta de democracia y el empoderamiento ciudadano son los temas que hacen de Grito de Victoria una novela gráfica imprescindible, no sólo para aquellos que gustan de la historieta, sino para un país urgido de memoria histórica que reconozca los errores del pasado para no volver a cometerlos.