De la ansiedad y otros demonios

Por Arlett Cancino


Cualquiera que sufra de ansiedad estará de acuerdo en que reconocer el padecimiento fue un paso difícil y tortuoso, puesto que muchas veces se nos critica o se nos subestima por considerar este malestar como algo ridículo o una exageración. No obstante, la ansiedad es un estado mental que se presenta como una gran inquietud y una extrema inseguridad.


Los ansiosos sobre-pensamos las cosas y siempre estamos esperando lo peor, nos dan unas ganas tremendas de huir, creamos escenarios catastróficos y caminamos por la vida siempre alertas ante lo que pueda sucedernos, no sólo que nos atropelle un coche o que un perro callejero nos ataque, sino también con temor al rechazo en nuestras relaciones.


Esos escenarios mentales producen síntomas muy diversos: falta de respiración o respiración acelerada, presión en el pecho, nudo en la garganta, sensación de ahogo, tartamudeo, náuseas, vómito, temblores, sobresaltos, flaqueo en las piernas, insomnio, pulso acelerado, por mencionar algunos.


Si una mujer tiene un comportamiento de este estilo, la subestimación se agrava. Se nos tacha de “tóxicas”, “locas” o “menstruosas”, cuando somos “demasiado” sensibles o cuando “exageramos” situaciones normales para los demás. Se minimiza el asunto con frases condescendientes como: “Déjala, ha de andar en sus días” y esta frase se usa constantemente para ignorar o disfrazar problemas que no sólo le atañen a “la sensible”. Comprender lo que realmente le sucede a alguien con ansiedad, sea hombre o mujer, debería ser uno de las preocupaciones centrales de amigos, familiares y pareja.


Existe un sesgo investigativo importante respecto a la influencia de las hormonas en la aparición de problemas como la ansiedad. Sin embargo, lo que se ha encontrado hasta el momento demuestra que sí existe una correlación con los cambios hormonales femeninos durante la menstruación, el embarazo y la menopausia.


Por ejemplo, el trastorno de angustia que se caracteriza por ataques de pánico, el trastorno de ansiedad generalizada (TAC) que es una incontrolable y excesiva preocupación por problemas cotidianos, las fobias en todas sus manifestaciones y el estrés postraumático son más frecuentes en mujeres que en hombres. En ellos también existe una variación o incremento como consecuencia del ciclo hormonal femenino en las diferentes etapas ya mencionadas; como es en el caso del trastorno obsesivo compulsivo (TOC).


No obstante, aunado a la posible influencia de nuestras hormonas en nuestro comportamiento ansioso, existen muchos otros factores que tienen un fuerte peso en la forma como reaccionamos ante las situaciones de la vida: la familia, la relación con nuestros padres, nuestra infancia, experiencias traumáticas, enfermedades, incertidumbre laboral y emocional, etc.; en el caso de las mujeres, las expectativas altas a las que nos sometemos todos lo días por cumplir tanto con roles convencionales, ser buena madre, por ejemplo, como con los nuevos parámetros de éxito laborar que nos exigimos.


Todo este entramado de relaciones emocionales que nos conforman y todo el entramado de conexiones hormonales que constituyen nuestro cuerpo intervienen para que actuemos con ansiedad o no.


¿Cómo dejar de ser ansiosa? No lo sé y a riesgo de parecer demasiado ingenua en un tema del que no soy experta, he de decir que mi comentario obedece a una búsqueda por responder esa pregunta, por comprender las reacciones que suelo tener como persona con ansiedad y empatizar conmigo misma cuando los síntomas se desbordan y me juzgo fuertemente por mi comportamiento.


Los datos sobre relación entre el género sexual y la ansiedad provienen del artículo “Diferencias entre hombres y mujeres en los trastornos de ansiedad: una aproximación psicobiológica”, de M. Carmen Arenas y Araceli Puigcerver. Para profundizar sobre cómo intervienen los roles de género en la incidencia de la ansiedad se recomienda el artículo “Depresión y ansiedad desde los estudios de género en estudiantes universitarios”, un estudio que realizaron en conjunto la Universidad Autónoma del Estado de México y la Universidad del Norte de Texas.