El invencible verano de Liliana: la asunción del duelo y la exigencia de justicia

Por Arazú Tinajero

“A veces toma treinta años decir en voz alta, decirlo en voz alta ante un empleado del sistema de justicia, que uno busca justicia. A veces se necesita todo ese tiempo...” Todo ese tiempo para volver a las cajas resguardadas en el clóset, no sólo de la casa familiar, sino también del corazón, y asumir el duelo por el feminicidio de una hermana. Esto es El invencible verano de Liliana (Penguin Random House, 2021), libro en el que la escritora mexicana Cristina Rivera Garza narra cómo 29 años después del asesinato perpetrado por Ángel González Ramos, inicia la burocrática búsqueda del expediente de la averiguación previa, y reconstruye, además, la historia de su hermana menor a partir de cartas y mensajes en trozos de papel.


De la crónica sobre el rastreo del expediente, Cristina Rivera Garza se centra en armar el rompecabezas de la vida de Liliana a partir de la gran cantidad de misivas que acostumbraba a escribir, de sus cuadernos escolares y otros pedazos de papel contenidos en “siete cajas de cartón y unos tres o cuatro huacales pintados de lavanda” en los que almacenaron sus posesiones tras su asesinato la madrugada del lunes 16 de julio de 1990, cuando era una joven estudiante de arquitectura en la Ciudad de México. A esta crónica y cronología, en la que Cristina también rastrea indicios de la violencia de pareja sufrida por su hermana asesinada a sus 20 años, se suman testimonios de amigos y algunos familiares en los que poco a poco éstos se develan.


Pero todo ese tiempo, treinta años para abrir esas cajas y cartas, no fue olvido. El invencible verano de Liliana evidencia también la dureza de asumir el asesinato de una hermana, hija, amiga, en un país en el que el feminicidio se tipificó como delito apenas el 14 de junio de 2012 y en el que, a pesar de registrarse 10 feminicidios diarios, se culpa a la mujer por dónde estaba y cómo vestía.


Por todo ello, la historia de Liliana, muerta a manos de Ángel González Ramos, ex novio que hasta ahora sigue prófugo, así como la propia historia de Cristina Rivera Garza, se enarbolan como poderosas voces entre la marea verde y morada que treinta años después del feminicidio las arropa con fuerza en exigencia de una vida sin violencias para las mujeres y justicia para aquellas víctimas del machismo; un machismo que hemos justificado como amor romántico y que debemos aprender a identificar y aniquilar.

#JusticiaParaLiliana #JusticiaParaTodas


La frase:

“Vivir en duelo es esto: nunca estar sola. Invisible pero patente de muchas formas, la presencia de los muertos nos acompaña en los minúsculos intersticios de los días… Este es el trabajo del duelo: reconocer su presencia, decirle que sí a su presencia… El duelo es el fin de la soledad.”