Los hijos del Topo: el legado del padre

Por Eduardo Jacobo Bernal

Alejandro Jodorowsky ha hecho de todo: ha sido novelista, guionista, poeta, dramaturgo, ensayista, director de cine y teatro, actor, escritor de historietas, músico, filósofo, titiritero, mimo, psicomago, dibujante, escultor y gurú espiritual; y de entre su muy variada obra, hoy hablaremos específicamente de una de sus historietas cuya trama proviene del cine.


“Los hijos del Topo” es una secuela directa de la película El Topo, estrenada en 1970, escrita, dirigida y protagonizada, obviamente, por Jodo. El filme, un western que va a medio camino entre el surrealismo y la psicodelia, narra las andanzas de El Topo en la búsqueda de la iluminación espiritual, pero para ello, debe conocer y vencer a los Cuatro maestros del revólver. La película es considerada una de las obras maestras de Jodorowsky y ha influenciado a muchos otros artistas, no sólo en el ámbito del séptimo arte, sino en la música y la gráfica.


El cómic en cuestión fue publicado en 2016 e inicia justo donde termina el filme: en la auto inmolación del Topo y la transformación de su tumba en un lugar sagrado en el que todas las religiones confluyen. Jodorowsky continúa su visión de este mundo sofocado por lo material y amplía el viaje espiritual, ahora a través de los dos hijos del personaje: Caín y Abel.

La travesía se centra en el peso que para ambos hijos representa la figura de su padre, la oscilación entre la bendición y la maldición de un legado, y nos muestra la compleja e irrompible relación entre un individuo y su pasado, pues el vínculo padre-hijo no es otra cosa que la manifestación biológica del transcurrir temporal.


Esta novela gráfica, dibujada magistralmente por Omar Ladrönn -ilustrador veracruzano más famoso en Europa que en México-, juega con la relación entre cine y cómic, pues cada una de sus páginas imita la visión horizontal de la pantalla grande para darle al lector la sensación de estar en la sala de cine. Los dibujos fácilmente nos transportan a la atmósfera de la película El Topo, la paleta de colores y las texturas nos ubican en un lugar atemporal muy parecido a México, pero que podría ser cualquier sitio.


“Los hijos del Topo” es una golosina visual que esconde en cada viñeta una metáfora. La historia, como toda obra de Jodo, está llena de simbolismos y de referencias metafísicas: ahonda en la búsqueda de identidad más allá de la herencia paterna, en el abrirse camino fuera de la estela del padre, en la necesidad de encontrarse a sí mismo y reconocer nuestras raíces; mientras que la paternidad es representada como ese viaje de ida y vuelta en el que maldecimos a nuestro creador, perdemos el rostro, luchamos contra nuestro pasado y, al final, nos reconocemos en las efigies que nosotros mismos hemos destruido.