Los superhéroes y el amor

Por Eduardo Jacobo Bernal

Durante muchos años el mundo de los superhéroes fue casi un club de Toby en el que las niñas difícilmente podían entrar. La narrativa superheroica, tanto en los guiones como en los trazos, estaba hecha para captar, principalmente, al público masculino: grandes batallas en las que la testosterona salpicaba las viñetas y mujeres con curvas tan pronunciadas y trajes tan cortos que obligaban a preguntarse acerca de si en la vida real alguien podría, ya no digamos pelear, sino caminar en esas prendas.


Sin embargo, a pesar de ese discurso de “machos”, siempre existió en las historias de los superhéroes un ingrediente fundamental y que pocas veces se reconoce: la novela rosa. Los noviazgos y las relaciones sentimentales siempre han aderezado la vida de los protagonistas del cómic.

Superman, por ejemplo, tuvo una relación de codependencia con Louis Lane desde el inicio, sin embargo, se trataba de una relación acartonada, sin posibilidades de avanzar y que se mantenía cómoda con el estereotipo de la damisela en apuros. La mujer maravilla, por su parte, entabló una relación con Steve Trevor en la que éste hacía las veces de la reportera de Metrópolis, pero los embates de una ideología conservadora truncaron esta posibilidad e hicieron que la relación de Diana y su pareja se tornara tradicional pues, a pesar de sus poderes, luego resultaba que la Amazona necesitaba ser rescatada por un hombre.


Con la llegada de Marvel se presentaron nuevas posibilidades narrativas, pues con la muerte de Gwen Stacy, novia de Peter Parker, se rompía el estereotipo y ahora el héroe arácnido llevaba una vida muy parecida a cualquier adolescente: citas fallidas, romances complicados, amigovias y la chica que había rechazado su propuesta de matrimonio para convertirse en su mejor amiga.


Y es que las bodas emocionan al fandom comiquero, hay que reconocerlo. En Marvel tenemos como grandes eventos editoriales la boda de Míster Fantástico y la Mujer Invisible, así como el enlace amoroso de Mary Jane Watson con Spiderman. DC se percató de ello e hizo evolucionar la relación del kriptoniano hasta llevarlo al altar de la mano de Louise; mientras que Batman estuvo a punto de hacer lo propio con Gatúbela.

En fin, en los cómics no todo son peleas, el amor es un componente vital para el desarrollo de las historias, pues las relaciones sentimentales contribuyen a darle textura a los personajes. Además, los cómics han evolucionado junto con la sociedad y presentan hoy nuevas formas de amor, personajes como las mutantes Mystique y Destiny o Hulkling y Wiccan -uno de los hijos de Wanda Maximoff- vinieron a romper tabúes y, aunque no son personajes protagónicos, sí han trazado el camino para otros personajes abiertamente homosexuales, como la nueva Batwoman.


Mucho más se podría decir del papel que el amor ha jugado en las narrativas superheroicas, pero cerraré haciendo hincapié en que los cómics también han contribuido a la deconstrucción de los roles de género, pues a los hombres también nos gusta el romance, los enredos amorosos y amamos los finales felices. ¡Que viva el amor!