Nada que ver: las viñetas también pueden ser poesía

Por Eduardo Jacobo


“¿Para qué sirve un poema? ¿Para arrojar nuevas palabras al cementerio? ¿Para hacer animales con el fuego? ¿Sirve para dañar el sentido sagrado de las cosas? ¿Para embrujar un momento? ¿Para hacer nudos con el viento? ¿Para qué sirve un poema?” Se pregunta y nos pregunta Patricio Betteo al entregarnos su última obra. Nada que ver es una compilación de poemas, juegos de palabras, reflexiones, añoranzas, sueños, pesadillas, iluminaciones que brindan una sabiduría que nos permite, al fin, comprendernos, pero que se desvanece en cuanto cerramos el libro.

La narrativa gráfica es una herramienta moldeable, las viñetas son ventanas a la imaginación del autor, y en esta obra en particular podemos asomarnos a lo más profundo de Betteo, a sus miedos y a sus esperanzas, a sus amores y desamores. Lo cual lo hace un viaje íntimo, pero que conecta con cualquiera que haya vivido, y es justo eso lo que convierte a Nada que ver en una obra imperdible. En estas fechas si ustedes quieren hacer un regalo extraordinario les recomiendo que compren este libro, pero cuidado: deberán comprar dos ejemplares, pues nadie querrá deshacerse de él.


De Patricio Betteo podría yo contarles muchas cosas: que ha sido un dibujante prolífico desde la época del Gallito Cómics, que ha participado en varias compilaciones de narrativa gráfica, que ha hecho portadas maravillosas para varios libros, que es el papá de Alicia Underground, que ha hecho diseño conceptual para videojuegos, que recientemente ganó un Emmy por su participación en la serie Love, death & robots de Netflix, y muchas cosas más, pero como sé que Patricio es una persona muy reservada, prefiero no contarles nada.

Betteo ha desarrollado una muy particular firma gráfica, es decir, sus monitos son fácilmente reconocibles para quienes lo hemos leído en alguna ocasión. Se trata de un estilo minimalista que a veces reduce las viñetas a cuadros de diálogo, pero lo hace con tal maestría que uno ya no sabe cuál es la frontera entre texto e imagen, pues Betteo dibuja las palabras y escribe las imágenes. Su magia es tal que nos puede llevar desde una boda a la que los novios nunca llegaron hasta un enfrentamiento de miradas con un personaje atrapado en las viñetas, pasando por el bosque y haciendo escala en lo más profundo de un agujero negro ligeramente despintado que se oferta en una venta de garage.


Sumergirse en Nada que ver es un deleite visual y de sentido, pero ¡aguas! Conlleva riesgos: puede ser que de repente veamos el mundo de manera diferente, que nos asomemos a la ventana y ya no sólo veamos con los ojos, sino también con el alma, puede ser que de reojo veamos ventanas o viñetas que nos abren la posibilidad de viajar a otros mundos, a otros universos, todos concebidos dentro de nosotros mismos. Les invito a correr el riesgo.