No, no somos unas santas

Por Arlett Cancino


A consecuencia de un post en Facebook, varias conocidas y yo nos enfrascamos en una discusión, si es que se puede hablar de discutir en las redes sociales, más bien en una reflexión sobre la manera cómo las mujeres tendemos a reproducir roles de conducta que históricamente han sido desempeñados por hombres.


La publicación decía que las mujeres no somos unas santas, que somos unas hijas de la Chingada, supongo que igual que los hombres y aquí estaría bueno decir que gracias a Octavio Paz es que nosotras representamos a la Chingada misma por nuestra “pasiva condición femenina”, pero muchos aún no están preparados para tener esa discusión. Que las mujeres nos victimizamos, que también agredimos, acusamos, nos cosificamos para conseguir lo que queremos, somos pasivo agresivas, nos aprovechamos de nuestro papel de mujeres en la sociedad, queremos someter como “supuestamente” nos ha sometido a nosotras, robamos, secuestramos, abandonamos, abortamos y matamos a nuestros hijos. El post, es importante mencionar, fue hecho por una mujer y cierra con el “fuerte” argumento de que no es un asunto de hombres o mujeres haciéndose daño, sino de la humanidad odiándose.



La perorata de nosotras en el Face versaba en qué tan cierto era lo expuesto para aceptar que, como los hombres, nosotras tampoco somos unas santas y que debemos dejar de victimizarnos porque también dañamos la integridad de nuestras parejas, o del otro en cualquiera de nuestras relaciones, a través de diversas conductas en las que, muchas veces, abusamos de nuestro rol de mujer desamparada o víctima del machismo.


Entonces, la lluvia de comentarios no se dejó esperar, algunas y algunos, porque también hubo por ahí comentarios de hombres, se “robaron” la publicación porque la consideraron excelente, mientras que otros coincidieron con el argumento final de la mujer y achacaron la culpa a la humanidad, ese concepto universal salvavidas. Y sí, ninguno es uno santo, ni hombres ni mujeres; el problema en realidad es que somos el resultado de una estructura social que nos determina a cumplir tal o cual rol; y a la mujer, en muchos aspectos si no es que en todos, nos tocó bailar con el más feo.



Los roles y estereotipos tradicionales de la mujer ahora están en confrontación con nuevas funciones sociales que deseamos emprender; hay un fuerte choque, no sólo con el otro (el hombre), sino con nosotras mismas porque los cimientos de esa estructura no han cambiado. Por eso, también, es que los ataques se manifiestan rápidos y atroces, debido a que en esa búsqueda por una nueva identidad las mujeres adquieren comportamientos masculinos, se ponen el disfraz del otro y rompen parámetros de conducta, pero la imposta se nota y la incomodidad también porque no obedece a rasgos genuinos y alternos a los conocidos y establecidos culturalmente para mal.


Lo mismo pasa del otro lado, los hombres se sienten culpables y menos hombres cuando cumplen funciones que hasta hace poco habían sido exclusivos de la mujer, pues el significado de la feminidad, de lo femenino, tiene una carga peyorativa, carente de valor y de trascendencia para la “masculinidad”.


Hay algo bueno en la exacerbada reflexión de la chica del post y es que ella está justo dándose cuenta y siente incomodidad por esas “maneras” de la mujer que sabe que no son correctas; sin embargo, aún no entiende la raíz verdadera de ese conflicto. Mi recomendación sigue siendo, como lo mencioné en el Face, leer de feminismo y a feministas, aunque eso la asuste y lo sienta como una ofensa, casi una mentada de madre; porque esos conflictos no se van apagar solos y estar enojada con su gremio que representa la mitad de la población del mundo no la coloca en un buen escenario; tal vez el tema deje de ser tendencia, pero el enojo y, peor aún, la idea de creer estar en lo correcto sin saber realmente la implicaciones, la deja donde mismo, perpetuando roles de buenas y santas mujeres o de malas y putas mujeres.


Aquí dejo algunos textos de Marcela Lagarde en los que, de manera sencilla mas no simple, explica nuestra construcción como mujeres y las llaves para deshacernos de ella:

Claves feministas para la negociación en el amor.

Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres.


También dejo uno de sus trabajos más importantes. En él habla de las categorizaciones, roles, estereotipos o cautiverios (como ella los llama) en los que se encasilla a la mujer.

Los cautiverios de las mujeres. Madresposas, monjas, putas, presas y locas.