¿Quién cuenta la historia?

Por Jael Alvarado

Estaba leyendo un artículo sobre las estadísticas de Spotify durante 2020. Un apartado decía que gracias a Disney+ muchas personas descubrieron Hamilton, empezaron a escuchar la banda sonora y luego, al final del año, al recibir sus estadísticas de esta plataforma encontraron que dedicaron un montón de horas a escuchar un musical. Y eso les causaba algo de vergüenza porque siempre habían dicho "guácala los musicales". Luego abrí mis estadísticas y, bueno, descubrí que la canción que más escuché en 2020 fue “Who tells your story" de The Roots, basada en un tema de Hamilton.


Cuenta la historia que el dramaturgo y compositor de origen puertoriqueño Lin-Manuel Miranda estaba buscando algo que leer durante sus vacaciones y casi al descuido compró el libro Alexander Hamilton de Ron Chernow. A Miranda le cautivó la historia del huérfano pobre nacido en un punto perdido en el Caribe que, gracias a su astucia y habilidad verbal, llegó a ser el primer secretario del tesoro gringo tras la guerra de Independencia. En esos tiempos el ejercicio de la política se desplegaba en duelos retóricos, en los que los participantes debían exponer de la manera más brillante y clara su punto de vista para obtener más adeptos a su causa.


En nuestros tiempos, en los que las discrepancias políticas se dirimen a "twitazos", ¿en qué contextos se usan las palabras para expresar dominio e ideología? “En el rap”, pensó Miranda, y empezó a trabajar en un disco en el que relataría la historia de la independencia gringa mediante batallas de rap. Este proyecto conceptual pronto se convirtió en una obra de teatro musical que se estrenó en 2015 y sorprendió a la crítica y al público con su originalidad, audacia y economía de recursos. Una filmación de la obra con su elenco original es parte de la programación de Disney+ desde 2020.

Un rasgo sobresaliente de la obra fue la elección de un elenco multicultural para representar a los padres gringos de la patria, una provocación para público blanquito y de clase alta, que es el que puede comprarse un boleto para ver Hamilton en Broadway. Otro rasgo sobresaliente es la increíble riqueza musical de la obra, que no sólo se nutre de la cultura hiphop, el rap y sus figuras emblemáticas, sino que abreva de todo tipo de influencias de música tradicional, culta, rock y pop. Una peculiaridad bastante celebrada de la obra es la aparición persistente de secuencias de notas, algunas veces acompañadas de un texto, que funcionan como rúbricas que representan personajes, ideas o actitudes. Estas rúbricas o motivos recurrentes ayudan a expresar musicalmente ideas complejas, que se van sumando en el relato y lo vuelven más ligero y fluido.


La frase “Who tells your story” es uno de esos motivos recurrentes de la obra. Aparece en el primer acto, cuando George Washington, que se ha vuelto líder y figura paterna de Hamilton, le advierte: “te digo algo que debí saber cuando era joven y soñaba con la gloria: no puedes controlar quién vive, quién muere o quién cuenta tu historia”. El motivo acompaña al personaje de Washington a lo largo de la obra y aparece nuevamente en el número final, en voz de la viuda de Hamilton. La frase no sólo subraya la incertidumbre que padecen los personajes de la obra, también es una especie de disculpa de Miranda por las licencias y anacronismos de su relato, en el que sacrifica la verdad histórica en favor de una narración entretenida.

El éxito teatral de Hamilton generó a su alrededor otros proyectos musicales como Hamilton Mixtape y Hamildrops en los que numerosos colaboradores versionan y recrean las canciones del musical, renovándolas y dándoles nuevos sentidos: sea para homenajear a la comunidad migrante, hablar de la escritura como redención o expresar el miedo de morir sin dejar un legado, (tema que abordan The Roots en “Who tells your story”).

La complejidad del enramado musical en el que se ha convertido Hamilton da para narrar mucho más y seguramente continuará alimentando proyectos nuevos. Yo tengo que confesar que desde que conozco la obra no dejo de pensar que sería maravilloso que algún autor mexicano se aventara el reto de contar algún pasaje de la historia con música tradicional y líricas populares. Imagino cómo se narraría el Sitio de Cuautla o la Batalla de Celaya con duelos de décimas o retahílas de albures. Imagínense nomás.