Todos somos crueles: Cecilia Eudave sobre El verano de la serpiente

Por Alejandro Ortega Neri


Es 1977. En una feria ambulante de una ciudad del bajío mexicano, Maricarmen, la mayor de dos hermanas, pedirá conocer su futuro a la mujer serpiente de un espectáculo: la respuesta será críptica y, por lo mismo, aterradora. A partir de ese momento, la vida de Maricarmen y su familia, así como de quienes los rodean, irá zigzagueando entre la aparición de una boa real que acecha al vecindario y la de una fantasma que aconseja, a quienes la ven, hacer cosas malas que parezcan buenas. Es 1977 durante el verano de la serpiente.


Lanzada por la editorial Alfaguara en el inicio de 2022, El verano de la serpiente es la nueva novela de la escritora jalisciense Cecilia Eudave (Guadalajara, 1968), una de las plumas más inusuales que está tocando con insistencia el panorama de la narrativa mexicana y que ha tenido un buen recibimiento, pues su literatura inquieta, incomoda y quita el sueño al danzar con facilidad entre lo insólito y lo real.

Foto: Cortesía de la autora


En sus páginas desfilan personajes sui generis: la propia mujer serpiente, un hombre que por las tardes tortura a su perro, una vieja actriz, una niña que tiene una boa como mascota, un viejo intendente del barrio y la propia familia sobre la que gira la historia con un padre que cada día se torna más gris, una madre que intenta escribir reportajes para despertar la conciencia social y una hermana menor que juega con serpientes que escupen veneno inofensivo; todo esto mientras Maricarmen, quien recibió el mensaje en la feria, ve más allá de lo evidente y escribe al tiempo que el mundo arde afuera.


En entrevista para El Reborujo Cultural, la narradora jalisciense cuenta que El verano de la serpiente es la segunda novela de una trilogía pensada sobre el tema familiar. La primera es Bestiaria vida, publicada en 2008 con la que ganó el Premio de Novela “Juan García Ponce” y en la que aparece su gusto por hibridar géneros con una escritura bastante singular. Catorce años después llega El verano de la serpiente, pues, confiesa, tarda mucho tiempo en preparar su proyectos porque le gusta “hilar fino”; que no se vean las costuras.


Después de siete años de escritura, El verano de la serpiente quedó terminada, pero los años pandémicos retrasaron su lanzamiento programado para 2021, lo que le sirvió a la tapatía para releer y hacer los últimos cambios hasta quedar satisfecha. “Todo esto te lo digo porque es importante. No porque sea una novela breve, se hace rápido. Las novelas breves demandan muchísimo más trabajo porque tiene que estar todo perfectamente coordinado, y yo sí creo que cuando no hay nada que cortar ya está”.


El motivo de la novela, al igual que en Bestiaria vida, es la familia, reitera Eudave, y, aunque no es el tema principal, sí busca esté siempre presente, ya que considera al núcleo familiar tan importante por ser ese en el que se generan todos los vicios y virtudes tanto personales como sociales. “Es el primer lugar donde vemos lo que somos”, dice.

Foto: Adolfo Weber

-Tú novela me incomodó, me inquietó –atino a decirle a Cecilia, quien me había generado ya una sensación similar con los relatos de Microcolapsos (Paraíso Perdido, 2017).


“El motivo principal de la novela es la crueldad. Todos los personajes son crueles de alguna u otra manera y están recibiendo la crueldad desde distintos ángulos, no una crueldad evidente que está muy de moda en la literatura que, creo, ha distanciado al lector; ya no le incomoda, incluso hasta le gusta, puede hasta disfrutarla. Aquí quería que fuera esa crueldad que está ahí, que sí es morbosa, que es propia de todos: desde los niños, los adultos, los ancianos. Todos estamos ejerciendo cierto tipo de crueldad y generamos cierto tipo de violencia. Somos crueles, nos gusta la crueldad, la ejercemos en el otro, por eso nos incomoda”, responde.

La novela, agrega, puede ser “muy rica” para los lectores porque les va a permitir que sean ellos quienes llenen todos los silencios que hay. Algo que, me consta, sí sucede, porque su pluma es tan sutil que puede representar temas duros como la pedofilia o el pacto de silencio con mucha naturalidad y, a su vez, incardinarlos con algo insólito, fantástico e inusual, que provoca que nos cuestionemos e incomodemos.


“Yo creo que esta es una novela donde lo real roza con lo insólito y al hacerlo, todo es posible. Eso hace que la novela desconcierte, ¿Es real? ¿Es fantástico? ¿Es inusual?”. La respuesta es que al ser una obra de Cecilia Eudave habla ya de una manera de construir un universo propio en el que todo el tiempo, como dice, lo real está rozando con lo insólito, y en esa delgada línea es en la que el lector participa.


“Sí me gusta hibridar, me gusta jugar y también me gusta matizar. El lector no va a encontrar un fantástico exacerbado, tampoco va a encontrar una realidad exacerbada, y creo que esto es lo importante, porque lo exacerbado es lo que leemos constantemente. Me gusta que todo sea sutil, como nos pasa a todos”, refiere la autora de Al final del miedo, quien añade que pretendía también escribir una novela que fuera hipnótica e incómoda, que obligara al lector a pensar. “Yo quiero que esta novela conmueva al lector. Lo sacuda un poquito. No que lo noquee, sino que lo sacuda para que el lector pueda salir de ahí respirando y diga ´a ver, ¿qué pasó’¨. Y lo logró.


Cuando la realidad abruma, agobia y provoca sobredosis, la literatura viene a ser un soplo de aire fresco, y más cuando tiene entre sus ingredientes pequeñas dosis de algo inusual, aunque no siempre hay que confiarse, pues a través de este tipo de narrativa se puede apreciar también la cruda realidad.


“Yo sí creo que todos los géneros amparados en lo insólito, desde el fantástico más álgido que se va diluyendo hasta modalidades como lo inusual, son una perspectiva para ver la realidad”, dice Cecilia Eudave, quien para hablar de ciertos temas matiza elementos como una manera de renovar o de variar la tradición.

Foto: Alejandro Meter


Para el lector, dice, El verano de la serpiente puede ser una novela muy disfrutable tanto para quien guste de lo fantástico como para quien no, porque parte de lo real y de pronto tiene pinceladas insólitas que al final será el lector quien decida cómo armará todo el entramado. Lo más importante, enfatiza, es que, aunque el género al que pertenece la novela deje de ser significativo, no será así con las sensaciones que provoque.


“Quiero invitar al lector a que la lea sin prejuicios. No es una novela fantástica al uso. No es una novela realista al uso. Pueden ser las dos cosas al mismo tiempo y eso es lo inusual, eso es lo que busco”, concluye la escritora, quien además se confiesa satisfecha porque sus últimos libros (Al final del miedo y El verano de la serpiente), al ser publicados por Páginas de Espuma y Alfaguara, respectivamente, podrán llegar a otras instancias, tener una mayor difusión.


“Sí estoy contenta por ellos. Esto no define nada, hay que seguir trabajando, seguir escribiendo. Mi libro favorito es el que todavía no he escrito”.

Foto: El Reborujo Cultural